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La aerotermia que da problemas no es la grande ni la pequeña: es la que nadie calculó

Dos presupuestos para la misma vivienda. Uno propone un equipo de 16 kW. El otro, de 8.

La reacción normal es pensar que el primero va sobrado y el segundo se queda corto. Pero la pregunta de verdad —qué potencia de aerotermia necesito en esta casa— no la contesta ninguno de los dos números, porque ninguno sale de haber medido lo que pierde la vivienda. Y equivocarse se paga en las dos direcciones.

Por qué casi todos los presupuestos tiran hacia arriba

Nadie quiere ser el instalador al que llaman en enero porque la casa no calienta. Y agrandar el equipo es la manera fácil de que esa llamada no llegue: no obliga a calcular nada, no se nota en la instalación y deja tranquilo a todo el mundo el día de la firma.

El problema es que ese seguro no lo paga quien lo contrata. Lo paga el cliente, dos veces: en la factura del equipo y en la de la luz, todos los meses.

Lo que hace una bomba de calor cuando la dejan trabajar

Un equipo moderno regula su propia marcha. El compresor no va o todo o nada: puede moverse en una horquilla amplia y quedarse ahí, a media máquina, reponiendo poco a poco el calor que la casa pierde. Ese es su terreno, y es donde la electricidad le cunde.

Para eso necesita margen por abajo. Si el equipo es demasiado grande, su marcha mínima ya da más calor del que la vivienda está perdiendo, así que no puede quedarse ahí: sube la temperatura enseguida, corta, espera a que la casa se enfríe y vuelve a empezar. En el oficio se llama funcionar a ciclos cortos.

Y el arranque es el peor momento de la vida de un compresor. Es cuando más corriente pide y cuando más sufren sus piezas. Una instalación que arranca decenas de veces al día en lugar de unas pocas gasta más electricidad para dar el mismo calor, deja la casa oscilando entre dos temperaturas en vez de sostener una, y envejece el componente más caro que hay dentro de la máquina.

Resumido: el equipo que se puso para no pasar frío es el que hace que la temperatura vaya dando tumbos, y el que se va a romper antes.

Y si se queda corta, el castigo es otro

Pasarse tiene su precio, pero quedarse corto tampoco sale gratis, y el suyo es justo el que todo el mundo temía: los días de verdad fríos la máquina no llega. Va a tope durante horas, la casa no termina de coger temperatura y el equipo acaba pidiendo ayuda a la resistencia eléctrica que lleva dentro.

Y esa resistencia calienta como un radiador eléctrico de los de siempre: gasta un kilovatio de electricidad para dar un kilovatio de calor. La bomba, trabajando en su sitio, da tres o cuatro. O sea que justo los días en que más calefacción necesitas, la instalación deja de ahorrar y empieza a gastar como aquello de lo que venías huyendo.

Así que la respuesta no es «mejor grande» ni «mejor pequeña». Las dos formas de equivocarse salen del mismo sitio: nadie hizo la cuenta.

El dato que manda más que la potencia: a cuántos grados va el agua

Aquí está la otra mitad del problema, y casi nunca aparece en los presupuestos.

Un equipo de aerotermia no fabrica calor: lo traslada desde el aire de la calle hasta el agua de tu instalación. Cuanto más corto es ese salto, menos electricidad necesita. Llevar el agua a 55 grados le cuesta bastante más que llevarla a 35, y esa diferencia no es de unos céntimos: sale en la factura de todos los inviernos que dure la instalación.

Y quien fija esa temperatura no es la máquina. Son los emisores que hay puestos en la casa:

  • Suelo radiante: reparte el calor por una superficie enorme, así que le basta con agua templada. Es la pareja natural de la aerotermia.
  • Radiadores de baja temperatura: están hechos justo para este escenario y son la salida habitual en reforma, porque dan el mismo servicio sin levantar el suelo.
  • Radiadores convencionales: los de toda la vida, en hierro o en aluminio, calientan la casa perfectamente con aerotermia. Piden agua más caliente, eso sí, y ahí la máquina trabaja más forzada.

Por eso una instalación bien planteada no empieza mirando catálogos de equipos. Empieza mirando qué hay en las paredes de la casa y a qué temperatura va a poder funcionar.

Qué es, exactamente, un cálculo de cargas

Es el documento que convierte una vivienda en un número. Y es lo que separa un presupuesto técnico de una estimación.

Se hace habitación por habitación, y en cada una se mira:

  • Por dónde se escapa el calor: muros, cubierta, suelo, ventanas y puertas. Cada cerramiento tiene su superficie y su capacidad de aislar.
  • Cuánto aire se renueva: la ventilación obligatoria y las infiltraciones también se llevan calor.
  • Qué frío hace fuera: no la media del invierno, sino la temperatura de diseño de tu zona, que es la que fija el día más frío.
  • Qué temperatura quieres dentro y qué orientación tiene cada estancia, porque un salón al norte y otro al sur no pierden lo mismo.

Sumando todo sale la demanda real de la vivienda en las condiciones más duras. Después se cruza con la temperatura de agua a la que van a trabajar los emisores, y de ese cruce, y no antes, sale el equipo.

Es más trabajo que consultar una tabla por superficie. También es la diferencia entre una instalación que aguanta quince años y otra que empieza a dar guerra al tercero.

¿Y cuánta potencia eléctrica hay que contratar?

Aquí hay dos «potencias» y se confunden todo el rato. Una es la de la máquina: los kilovatios de calor que tiene que dar, que es de lo que va todo lo anterior. La otra es la de tu contrato de luz, la que te cobra la comercializadora todos los días del año.

No son el mismo número, y el segundo no se saca del primero. Un equipo que da 8 kW de calor no gasta 8 kW de electricidad: gasta bastante menos, y esa es justo su gracia. El dato que tienes que mirar está en la ficha técnica y se llama potencia eléctrica absorbida máxima. No son los kilovatios térmicos del nombre comercial.

Aun con ese dato no has terminado, porque la potencia no la contratas para la bomba de calor: la contratas para tu casa entera. Manda qué puede estar encendido a la vez una tarde de enero: la vitrocerámica, el horno, el lavavajillas y el equipo arrancando.

Dos avisos antes de firmar. Puedes contratar dos potencias distintas, porque la tarifa 2.0TD —la de todas las viviendas hasta 15 kW— admite una para las horas caras y otra para las baratas; en una casa que calienta de madrugada, esa segunda deja de ser un trámite. Y no se cambia cuando te apetece: el Real Decreto 88/2026 mantiene la espera de doce meses entre una modificación voluntaria y la siguiente.

El término de potencia se paga todos los días del año, lo uses o no. Contratar de más por si acaso es el mismo error del principio, un piso más arriba: pagas cada mes por un margen que no vas a llegar a usar.

Esto no es un problema de cuatro casas

En 21 países europeos se vendieron 2,88 millones de bombas de calor domésticas en 2025, un 13 % más que el año anterior, hasta un parque instalado de 29,3 millones de equipos. La aerotermia dejó de ser una rareza hace tiempo.

Y la mayoría de esos equipos no va a viviendas nuevas: va a casas que ya existen. Según la Comisión Europea, alrededor del 75 % del parque inmobiliario de la UE es energéticamente ineficiente, y cada año se rehabilita de media menos del 1 %.

Son casas con emisores ya puestos, aislamiento desigual y reformas a medias. Justo donde acertar con el tamaño cambia más las cosas, y justo donde más se agranda el equipo por si acaso.

Cómo saber si a ti te lo han calculado

Hay una forma sencilla de averiguarlo, y cabe en una frase:

«¿Me enseñas el cálculo?»

Si lo hay, te van a poder enseñar un documento con las habitaciones, lo que pierde cada una y el resultado. Si no lo hay, el número que aparece en tu presupuesto salió de otro sitio, y ese sitio casi siempre es la prudencia del que lo firma.

No es una pregunta incómoda ni desconfiada. Es la que haría cualquier técnico antes de dar una cifra por buena.

En AEROTHERMA

Calculamos primero y elegimos después. Miramos las pérdidas de tu vivienda, los emisores que tienes o que vas a poner y a cuántos grados pueden funcionar. De ahí sale la potencia, y de la potencia sale el equipo, no al revés. Y te enseñamos las cuentas.

Si estás pidiendo presupuestos, pídenos el nuestro y ponlo al lado de los otros. A los demás, pídeles el cálculo.

📞 91 078 04 80 · ✉️ info@aerotherma.com — Estudio técnico gratuito y sin compromiso.

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